El 29 de marzo de 1999 Cristian Ruiz amanecía ahorcado, colgado de su bufanda atada del gozne de una puerta, en una celda en la Dirección de Investigaciones en el Barrio Hospital, tras ser detenido en un confuso episodio la noche anterior, mientras pegatineaba para impulsar la candidatura a la gobernación de Ricardo Quintela.

Las versiones hablaban de tortura y apremios ilegales. “Se les fue la mano con el submarino seco”, decían otras. Nadie fue preso, nadie fue culpable, nadie pagó por esa ausencia forzada y prematura en la vida de Estela Britos.

A pesar de las versiones “oficiales”, su madre dijo desde el primer momento:  “A Cristian lo detuvieron el 28 marzo de 1999 y al día siguiente apareció muerto en una celda en el área de Investigación. A mí me dijeron que se había suicidado, pero es mentira, mi hijo sería incapaz de hacer eso, a él lo mataron”.

Estela Brito denunció apremios ilegales por parte de la policía, y recordó que a su hijo lo “expusieron colgado de una bufanda de lana a uno de los caños de la celda”.

Este reclamo le costó a Estela una campaña en su contra, desacreditando su reclamo de justicia, atacando a su hijo que ya no podía defenderse. Dijeron que había robado, que se deprimió porque lo “pillaron”, que era un delincuente, y lo estigmatizaron por pobre, por morocho, por nadie.

Ella siguió luchando, incansablemente, hasta que 15 años después logró reabrir la causa por “homicidio con autores a determinar”. Pero la vida le asestó un golpe certero con la pérdida de su hija, Cinthia, a la edad de 31 años, en un siniestro vial. Los dolores ya pesaban demasiado.

Aún así continuó reclamando, golpeando puertas, sentándose frente a tribunales para pedir justicia a un estado que la negaba, que siempre le dio la espalda, que siempre la dejó sola, y lo hizo hasta su último aliento.

Estela Britos falleció mientras organizaba un evento para conmemorar los 20 años de ausencia de su hijo. Su cuerpo ya cansado dijo basta, y trascendió para unirse a los suyos, para que las ausencias se conviertan en banderas, para que el miedo no nos paralice, para que los culpables entiendan que quien lucha nunca muere, solo se multiplica.

Nos deja un instructivo de lucha y perseverancia en los reclamos del que todxs debemos aprender.