Por Fernando Gómez

El escenario político en la provincia se va a dibujar no muy alejado a lo que estamos acostumbrados en cuanto a la mirada conservadora de la política electoral, con una gran ausencia del rol de la política real.

Hacemos referencia a la práctica política con capacidad de transformar las cosas para el bien común.

Creo que nuevamente la política podría tomar un tinte tradicional y reflejarse en una polarización entre Cambiemos, que es muy posible que se vuelva a llamar Fuerza Cívica para despegarse de la gestión de hambre de Macri, y el partido Justicialista con toda la crisis interna que arrastra y su intento de cambiarse el traje de bederismo .

En caso que el escenario no cumpla con las expectativas, que actores claves como Fabián Calderón como emergente de un proceso asambleario que se generó  en busca de calidad académica y resistencia al despotismo tellista, terminando en la toma convirtiéndose en un símbolo, pero que a su vez es la expresión de otro momento histórico como fue  Famatinazo, no se atrevan a dar ese salto cualitativo, el escenario volverá a ser la polarización, lo conservador y atrasado.

Con ese escenario es posible que crezca el ausentismo en términos de participación electoral.

Frente a esto es muy interesante caracterizar el avance que tuvo la capital de La Rioja a la hora de votar; se convirtió en un voto más crítico, sin tantas ataduras ni deudas, por lo tanto ese hecho  no solo se expresa en un voto castigo hacia las posibles fuerzas, si no también la dispersión de los votos hacia los partidos minoritarios o el voto en blanco, es decir este perfil de votos va a tomar protagonismo si el escenario se polariza.

El escenario está a destiempo del momento histórico de ruptura en el que estamos, y no ser coherentes con esa ruptura va a traer serias consecuencias.

La ruptura a la que nos referimos está directamente relacionada con la situación anacrónica que viven los partidos tradicionales en relación a la gente, en la cual no solo no representan los intereses del electorado, sino que tampoco se sienten contenidos por esas prácticas políticas.

Hay un síntoma muy fuerte, que fue acallado por los medios de comunicación, como fue  la participación del 25 por ciento del padrón en la enmienda del 27 de enero, teniendo en cuenta que se tomó como referencia el padrón del 2017.  Esto es un síntoma, más allá de todas las excusas que se puedan argumentar.

El oficialismo y la oposición pusieron en funcionamiento todos sus recursos y los lanzaron a la calle; y, a pesar de eso, el porcentaje de participación fue bajo. Esto es un adelanto de lo que puede suceder en un escenario habitual.

Otro escenario posible es el abierto, donde algunos actores nos animemos a tener protagonismo y un rol relevante , y que desde allí  se genere una nueva subjetividad, en la que muchos actores que hoy están sueltos, resentidos, enojados, impotentes y que aún hoy guardan expectativas respecto de una política que resuelva los problemas de la gente. De esta manera se abriría una nueva instancia en la que se puedan amalgamar todas esas expresiones del campo popular, de los espacios de resistencia de tal manera que esa fuerza se constituya en un bloque que rompa la polarización y se genere un nuevo camino.

Es un escenario posible para que el electorado pueda sentirse llamado a expresarse y se recuperen las estructuras de participación electoral, aunque sea un escenario difuso ya que depende de la caracterización de los personajes que deben tomar la decisión y el momento que se vive.