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En los últimos días estamos siendo espectadores de una nueva coyuntura electoral. La misma se desarrolla en una provincia que continúa hundida  en una crisis estructural, con servicios públicos colapsados como son la salud, la vivienda, la seguridad, y la lista sigue.

A nivel nacional la gestión de la alianza Cambiemos ha demostrado que no tiene ningún interés en cumplir con las promesas electorales, como la pobreza cero, la seguridad, la generación de empleo y la recuperación de las instituciones, siempre escudándose en la vieja herencia y los actos de corrupción del gobierno  “K”.

Ni hablar de los hechos  la corrupción. Cada paso que da el gobierno de Mauricio Macri evidencia una gestión a beneficio de intereses empresarios que son parte del propio gobierno o que tienen una connivencia notable: Panamá Papers, Correo Argentino, Avianca,

Siguiendo no tan aparte

Con respecto al último fallo de la Suprema Corte de Justicia (que posee dos de sus cinco miembros designados unilateralmente por el Ejecutivo), que otorga un beneficio de 2×1 a represores que actuaron durante la última dictadura militar, significa una reedición del Indulto. En los ’90 la política de perdón se aplicó por Decreto y hoy por la “Justicia”. Cabe resaltar que este tipo de fallos se da en el mismo momento en el que la Iglesia habla de reconciliación, es decir, los mismos argumentos con los que Carlos Menem justificó el Indulto.

El escenario en lo provincial

Siguiendo en el escenario provincial, donde se desarrolla una nueva contienda electoral analizamos lo siguiente: La clase dirigente y gobernante ha hecho de la vida política, y por lo tanto, electoral una profesión basada en la impunidad y la corrupción para con su electorado, intentando reducir, por todos los medios posibles, el ejercicio de la Democracia a una participación electoral cada cierto periodo de tiempo. Desmenuzando esta idea, la clase dirigente ha construido sistemáticamente conceptos tales como “la política es para los políticos”, “la democracia es votar cada dos años”, y generando vínculos con la ciudadanía que implican el votar al oficialismo porque “le debes el trabajo, la casa o un medicamento”. Que política es inaugurar una calle y sacarse la foto, o que la política es para los hijos de…algún doble apellido, o doctor.

Lo cierto es que lo único que han logrado estos conceptos y prácticas es sabotear las políticas públicas, que no están o son precarias, y lo padecemos cotidianamente en cuestiones elementales: la crisis en salud que implica desde la falta de alcohol y gasa, hasta la ausencia de médicos en; la falta de transporte decente, o control del que existe para que la población pueda trasladarse desde las localidades a la Capital y viceversa, o un transporte público en la Capital que funcionen eficientemente.

Es en este marco que se puede hablar de dos esquemas prevalecientes: por un lado una clase política que se ha enriquecido con los recursos públicos, haciendo carrera con la cosa pública, viviendo –ellos y sus familias- de nuestros impuestos, evidenciando una naturalización en la disposición de los bienes del Estado, hasta el punto de presentarse como “los dueños” de los lugares que ocupan rotándolos entre ellos.

En este aspecto la impunidad no tiene límite, dándose situaciones como la expropiación del Banco Rioja, los gastos de las SAPEM sin control, ocupando dos cargos simultáneamente como ser Diputado e Intendente o ministro a la vez, y/o nombrar personal y destinar fondos a ONG´s o fundaciones sin rendir cuentas a nadie.

Por otro lado es el  esquema de la indiferencia, de la gran mayoría de la ciudadanía, el electorado, el pueblo. Esta indiferencia tiene varios componentes que la constituyen: una fuerte actitud delegativa de responsabilidades, abonada por conductas inspiradas en los ejemplos de la clase política, en los esquemas neoliberales del “sálvese quien pueda” donde el individualismo ha sido y es un pilar fundamental. Por otro lado la indiferencia que provoca la forma de hacer política de “los políticos”, porque nadie desconoce que lo que se vive en la realidad cotidiana es producto de la decisión o indecisión de “los políticos”, por lo tanto la práctica de la clase política provoca rechazo, generando la no participación y apatía, la gente no se involucra, no asume responsabilidades. DE esta forma se genera un círculo vicioso que deja el campo fértil para que la clase política siga haciendo lo que quiera como quiera.

La democracia, ¿es la política?

¿Cómo funciona la Democracia entonces? Intentaremos humildemente poder reflexionar sobre ello. No desde el punto de vista académico, sino más bien desde un sentido práctico e histórico que nos permita trazar algunas referencias, y de esa manera pensar en cómo revertir, aportar o enriquecer, insertos en el medio en que vivimos.

La política en la vida de los pueblos ha tenido la característica de ser una herramienta que permite discutir y buscar soluciones a los conflictos, y como forma de involucrarse en la toma del poder.

¿Por qué conflicto?, porque toda sociedad está atravesada por intereses contrapuestos, resolver ese conflicto es el arte de la política. Por ello, no hay peor analfabeto que el analfabeto político, y el que niega la política es cómplice de que el conflicto permanezca y se profundice, por lo general, a costa del sector más vulnerable. Para hacer política no basta definirse como político, hace falta saber que al no involucrarse, al no comprometerse, se garantizan actos de desigualdad, la pobreza, el abuso de poder, la impunidad.

Por lo tanto todo es política la política de salud, de educación, de seguridad, pero también es política la falta de las mismas. Ejercer la política es la búsqueda de soluciones, por eso, la verdadera Democracia se vive cotidianamente y no se reduce sólo a votar cada dos años;  es el gobierno del pueblo por el pueblo, pero un pueblo haciendo política, activo y comprometido.

Para concluir, esperamos con entusiasmo que en estas elecciones, la disociación, el descontento, la desilusión, se manifiesten haciendo más política, consciente, comprometida, expresando la bronca con el voto, pero también con la crítica, la manifestación, la participación.

Las cartas están echadas, y los sueños en danza.